La Cofradía Franciscana de Pasión encargó la intervención y la conservación de uno de sus titulares al equipo liderado por Manuel Espejo y Miguel Ángel Sánchez, trasladándose la representación cristífera a unos talleres montillanos.
El proyecto ha englobado, asimismo, la subsanación de “importantes” desperfectos estructurales, como ha desarrollado Manuel Espejo, en Hoy Por Hoy Lucena.
La reposición al culto de la imagen acontecía en la tarde de este último domingo. El proceso materializado ha propiciado la diferenciación de cuatro fases en la policromía. Después de los trabajos originales, en 1804, otro lucentino, Andrés Cordón, actuó en el Cristo de Medinaceli, antes de la aplicación, en 1840, de los conocimientos de Pedro Muñoz de Toro. Finalmente, de acuerdo a la documentación hallada en la mascarilla y otras partes de la imagen, en 1996, Manuel Luque Bonillo abordó otra intervención.
La hermandad del Lunes Santo corroborada que la configuración primitiva ha sido recuperada puesto que resultó “profundamente alterada” durante unas tareas emprendidas entre 1995 y 1996.
La restauración ha posibilitado rescatar la policromía aportada por Muñoz de Toro en el siglo XIX.
La falta de documentación previa había consolidado esta atribución errónea, corregida ahora gracias al hallazgo de estos valiosos escritos. Ambos documentos han sido digitalizados y los originales protegidos para su mejor conservación.
Igualmente, se han reintroducido cuidadosamente en el interior de la imagen junto a un nuevo escrito que documenta el proceso de restauración actual, creando así una cápsula del tiempo para las generaciones futuras.
El proyecto ha englobado, asimismo, la subsanación de “importantes” desperfectos estructurales, como ha desarrollado Manuel Espejo, en Hoy Por Hoy Lucena.
La reposición al culto de la imagen acontecía en la tarde de este último domingo. El proceso materializado ha propiciado la diferenciación de cuatro fases en la policromía. Después de los trabajos originales, en 1804, otro lucentino, Andrés Cordón, actuó en el Cristo de Medinaceli, antes de la aplicación, en 1840, de los conocimientos de Pedro Muñoz de Toro. Finalmente, de acuerdo a la documentación hallada en la mascarilla y otras partes de la imagen, en 1996, Manuel Luque Bonillo abordó otra intervención.
La hermandad del Lunes Santo corroborada que la configuración primitiva ha sido recuperada puesto que resultó “profundamente alterada” durante unas tareas emprendidas entre 1995 y 1996.
La restauración ha posibilitado rescatar la policromía aportada por Muñoz de Toro en el siglo XIX.
La falta de documentación previa había consolidado esta atribución errónea, corregida ahora gracias al hallazgo de estos valiosos escritos. Ambos documentos han sido digitalizados y los originales protegidos para su mejor conservación.
Igualmente, se han reintroducido cuidadosamente en el interior de la imagen junto a un nuevo escrito que documenta el proceso de restauración actual, creando así una cápsula del tiempo para las generaciones futuras.
