Las inundaciones alcanzaron su punto más crítico en febrero, cuando el recinto apareció anegado y el nivel del agua llegó, prácticamente, hasta los arcos de las cámaras de combustión del alfar. La rápida intervención de Protección Civil y del Ayuntamiento posibilitó extraer gran parte del agua.
Las intensas lluvias conllevaron importantes filtraciones de agua procedentes de las fincas y terrenos colindantes.
Debido a que el yacimiento se encuentra en una de las zonas topográficamente más bajas del entorno, el agua terminó acumulándose en el interior del complejo arqueológico.
Daniel Botella, arqueólogo municipal ha detallado, en Hoy Por Hoy Lucena, que los principales temores de los técnicos se centraban en el efecto de la humedad sobre las estructuras de adobe y ladrillo del yacimiento, así como el proceso de secado que podía provocar la desintegración de algunos materiales, además de favorecer la aparición de sales, considerado uno de los principales riesgos para la conservación del conjunto arqueológico.
Para evitar daños mayores, se ha optado por un secado natural mediante ventilación constante, manteniendo abiertas las puertas del recinto durante largas jornadas diarias y marginando el uso de aire forzado. Esta medida ha permitido controlar la humedad de forma progresiva y minimizar el impacto sobre las estructuras históricas.
Las intensas lluvias conllevaron importantes filtraciones de agua procedentes de las fincas y terrenos colindantes.
Debido a que el yacimiento se encuentra en una de las zonas topográficamente más bajas del entorno, el agua terminó acumulándose en el interior del complejo arqueológico.
Daniel Botella, arqueólogo municipal ha detallado, en Hoy Por Hoy Lucena, que los principales temores de los técnicos se centraban en el efecto de la humedad sobre las estructuras de adobe y ladrillo del yacimiento, así como el proceso de secado que podía provocar la desintegración de algunos materiales, además de favorecer la aparición de sales, considerado uno de los principales riesgos para la conservación del conjunto arqueológico.
Para evitar daños mayores, se ha optado por un secado natural mediante ventilación constante, manteniendo abiertas las puertas del recinto durante largas jornadas diarias y marginando el uso de aire forzado. Esta medida ha permitido controlar la humedad de forma progresiva y minimizar el impacto sobre las estructuras históricas.

