Lucena

La Cofradía de la Soledad de Lucena estimula y ampara la vida del pequeño Veladmir

Miércoles, 16 Mayo 2018 17:23 Redaccion 
Infancia Solidaria tramita la operación de corazón, de este niño de cuatro años, natural de Guinea-Bisáu, en el Hospital Reina Sofía de Córdoba
Componentes de Infancia Solidaria, miembros de la junta de gobierno de la Cofradía de la Soledad y Veladmir, su madre y la familia de acogida. Componentes de Infancia Solidaria, miembros de la junta de gobierno de la Cofradía de la Soledad y Veladmir, su madre y la familia de acogida.


El corazón de Veladmir late con palpitaciones colmadas de vida, dibuja en su rostro esplendorosas sonrisas y conmueve emociones incontenibles en todos los que alguna vez lo hemos mirado a los ojos.

Dos meses atrás, el porvenir de este niño de cuatro años, habitante de Guinea-Bisaú, se desvanecía por una cardiopatía congénita muy grave, imposible de remediar en su país, donde la pobreza atrapa a dos tercios de la población y se resiste con una economía de supervivencia.

La oenegé Ayuda, Intercambio y Desarrollo, asentada en esta república africana, recurrió a Infancia Solidaria y este colectivo humanitario activó sus mecanismos para financiar el traslado de Veladmir y su madre a España y agilizar la urgente intervención en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.

Entre otras aportaciones, la Cofradía de la Soledad de Lucena acordó donar un porcentaje de la recaudación de la última perolada navideña a la salvación de este niño inquieto, entrañable y cariñoso.

Ángel Parejo, coordinador de Infancia Solidaria en Andalucía, no oculta su satisfacción por una acción pionera que, desea, concibiéndola como lógico y coherente, sea imitada por otras corporaciones religiosas. “Estoy contentísimo, primero, porque haya sido la primera cofradía que nos haya ayudado en este sentido; segundo, porque la mayoría son amigos; y, tercero, de poder verlo aquí, y que ellos puedan ver y es palpable la labor que hacemos, porque simplemente este niño, hace mes y medio, estaba en un hilo de vida, en la estación de AVE de Córdoba, no podía ni moverse, ni andar un poquito, y verlo aquí hoy corretear y demás, es muy emocionante como en muchos casos nos pasa”.

Ni siquiera el propio Ángel, habituado a multitud de instantes sobrecogedores, por su ilimitado e inabarcable compromiso con los más desprotegidos, pudo contener las lágrimas al contemplar el sincero y desbordante afecto emanado de componentes de la junta de gobierno de la cofradía lucentina hacia Veladmir.

Jesús Díaz es el hermano mayor. “Muy emocionado por supuesto, no paro de mirarlo, veo que la vida está en los niños siempre, y aquello que no se haga por un niño no se puede hacer por nadie, me emociono, claro, verlo ahora mismo como lo estoy viendo, jugando, de cómo venía a cómo está, bendito sea Dios y la Virgen que también lo ha arropado con su manto”.

El pasado 29 de abril, Veladmir superó una compleja operación que recompuso su corazón. Diez días más tarde, ya serpenteaba montado en un patinete, en el interior de la Casa Hermandad, donde desenvolvió multitud de regalos. “No hay cosa más grande que poder colaborar con los más indefensos, que son los niños, y en este caso, Veladmir venía en una situación de gravedad y yo creo que las cofradías principalmente, entre otras cosas de caridad, deben estar para estas circunstancias y estas cosas”. Mensaje meridiano, necesario y directo del hermano mayor.

Veladmir, y su madre, aterrizaron en España, con destino a Córdoba, el 2 de marzo. Pasaron semanas de llamamientos y peticiones hasta que Infancia Solidaria resolvió que Ana María y Ernesto eran las personas idóneas para repetir como familia de acogida.

“Cuando Braima se fue, mi hija hizo un escrito, en el que decía, sobre todo, que Braima vino regalando vida. Nosotros creemos que le dimos vida, la posibilidad de vivir, pero ellos, nos regalaron vida, nos regalaron la sencillez de saber que con muy poquito podemos hacer mucho, nos llena, la satisfacción es muchísimo más que tener casas, coches, fiestas, las satisfacciones son una sonrisa, una caricia, el agradecimiento”.
 
Ella es Ana María Carnero. En 2013, atendieron, amaron y lloraron de felicidad por Braima, otro pequeño, también de Guinea-Bisaú, que, igualmente, estaba aquejado de una patología severa en su corazón.

Ana María, con un énfasis incontenido, que transmite energía y contagia adhesión a esta causa, elogia la cooperación intrínseca de Infancia Solidaria.

“En Infancia Solidaria contamos con un número bastante importante de voluntarios, que nos están haciendo llevar esta situación bastante mejor, gente que ayuda en las visitas al médico, que atienden a niños en momentos determinados, que nos apoyan, tenemos un grupo de whatsapp y nos damos ánimos, hacemos un seguimiento, y si surgiera una pequeña dificultad, tenemos un equipo fantástico de gente que está ahí para ayudarnos”.

La autocomplacencia en Infancia Solidaria no dura ni unos segundos. La injusta realidad nos presenta un listado interminable de niños que nos piden ayuda.
“Todos los días recibimos, desafortunadamente, solicitudes de los distintos países en vías de desarrollo, pero claro, no podemos llegar a todos, eso es una cosa que tenemos siempre en la mente, pero bueno intentaremos llegar a los máximos posibles porque la verdad es que hay una lista de espera muy amplia, sí”, explica Ángel Parejo.

Veladmir ha unido a Lucena, Córdoba, Infancia Solidaria, Ana María y Ernesto y a la Cofradía de la Soledad. En este mundo tan desigual e incomprensible, el futuro de demasiados niños dependen de que estas conexiones heterogéneas y, finalmente, entrelazadas, se repitan constantemente.